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¿Somos todos adictos a algo?

Tal vez todas las personas, en mayor o menor medida, han desplegado alguna vez conductas adictivas. No obstante, hay adicciones buenas y malas.

Habría que tener presente que no siempre se trata de comportamientos anormales. En un extremo saludable, ciertas conductas repetitivas puede decirse que tienen un aspecto adictivo, pues a veces las personas le dedican mucho tiempo e interés. Además, si el sujeto deja de llevarlas a cabo, resiente su ausencia. Sin embargo, estos hábitos no representan un problema. Ejemplos de estas “adicciones positivas” son la práctica de deportes o de ciertas disciplinas, como el yoga o las artes marciales. También podría aquí considerarse a la actividad artística, muchos hobbies, o incluso de ciertas tendencias a coleccionar objetos. En definitiva, estas adicciones positivas representan conductas que se encuentran al servicio del desarrollo de la persona.

Otras conductas adictivas no son tan buenas como aquellas “adicciones positivas”… aunque tampoco tan malas. Por ejemplo, existen personas bastante adictas al té, al café o al chocolate. Otros son adictos a su celular, su computador, al trabajo, a la lectura, a las series de televisión o a los propios audífonos. En realidad, no es que estas conductas sean perjudiciales en sí mismas. Más bien, lo que importa es el tipo de relación que ahí se establece, además de las consecuencias que ese comportamiento puede tener para la vida de la persona o quienes le rodean.

Varios pasos más allá, se encuentran las adicciones químicas a las típicas drogas de abuso, como el alcoholismo y adicción a cocaína, marihuana u otras. Aquí sí que claramente existe un problema. Además, al lado de este grupo, habría que agregar a las adicciones conductuales, cuyo patrón de comportamiento alienante puede llegar a ser equivalente a las adicciones químicas. Las adicciones conductuales más típicas son la adicción al juego y la adicción al sexo.

Pues bien ¿Cuál sería, en esencia, el rasgo fundamental de estas “adicciones negativas”, es decir las “malas adicciones”? Sin duda, su acentuado descontrol, es decir la imposiblidad de la persona de manejar adecuadamente su propia conducta. Esto es muy similar a hablar de “incumplimiento de propósito”, que significa a la persona le resulta muy difícil poner en práctica su intención de conducir su comportamiento dentro de ciertos límites. Este típico rasgo se pone de manifiesto cuando alguien se levanta en la mañana pensando en que ese día no va a consumir cocaína, no va a jugar en el casino o sólo se tomará un único trago…pero al final termina haciendo todo lo contrario.

Otro aspecto muy característico de las adicciones graves es la tendencia a la desconexión o aislamiento, el que puede ser físico o relacional. Por un lado, la persona se desconecta de los demás, está y no está con el resto. Al vivir con una adicción, el sujeto funciona con otras prioridades, que prescinden de la consideración por los otros. Muchas veces, la persona transa o transgrede algunos valores básicos de convivencia. Por otro lado, podría decirse que en estas situaciones la persona se desconecta de sí misma, dejando de considerar su desarrollo personal y sus necesidades más elementales. Estamos entonces, ante un verdadero estado de alienación: no es el mundo de la locura o psicosis, pero sin duda es un mundo aparte.

Dr. Gonzalo Acuña

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